La profesora titular del Departamento de Historia Contemporánea, fue invitada a Chile en el marco del seminario “Pasados en disputa. Memoria, historia e identidades en España e Iberoamérica”, coorganizado junto a la profesora Lucrecia Enriquez, del Instituto de Historia.

Lucrecia Enríquez, académica del Insituto de Historia UC e Ivana Frasquet, académica de la Universidad de Valencia.
Durante la primera semana de abril, y con el objetivo de analizar cómo el siglo XIX marca aún nuestros debates políticos y culturales, se realizó el seminario “Pasados en disputa. Memoria, historia e identidades en España e Iberoamérica”.
Este esfuerzo conjunto entre el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, la Unión Europea, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, la Agencia Estatal de Investigación, la Generalitat Valenciana y la U. de Valencia, tuvo como contraparte al Instituto de Historia UC a través de la académica Lucrecia Enriquez.
Por parte de la Universitat de Valencia, el proyecto cuenta con la dirección de la académica Ivana Frasquet, es profesora titular del Departamento de Historia Contemporánea.
En esta conversación, la investigadora especializada en los procesos de independencia iberoamericanos habló sobre los alcances del proyecto y también sobre debates actuales que trascienden el mundo académico y que traen, a nuestros días ecos del siglo XIX.
Hoy hay una discusión, al menos pública, sobre la relación de España y América respecto al rol de cada actor durante el pasado colonial. Sin ir más lejos, en marzo el rey Felipe VI reconoció en México que se cometieron "muchos abusos" en dicho periodo. ¿Se abordó durante el seminario, era parte de la discusión? ¿Te parece una discusión relevante?
Es una cuestión sin duda relevante, pero conviene matizar muy bien en qué plano lo es. Desde el punto de vista académico, entre los especialistas en historia de América y del mundo iberoatlántico, la relación entre España y América en términos de metrópolis y colonias no es hoy un debate nuevo ni abierto tal y como suele aparecer en el espacio público. Historiográficamente es una cuestión muy trabajada y, en gran medida, superada: existe un consenso sólido sobre la naturaleza colonial de ese vínculo, así como sobre la complejidad institucional, política y social que tuvo la Monarquía Hispánica en América. El problema aparece más bien cuando ese pasado se traslada al debate mediático o político en forma de lecturas simplificadas, identitarias o directamente instrumentalizadas.
En ese sentido, durante el seminario no se abordó específicamente esta cuestión, nuestro foco se centró más bien en analizar cómo se han construido y utilizado las memorias de ese pasado, tanto en el siglo XIX como en el presente. Es decir, nos interesa menos reabrir debates ya resueltos por la investigación y más comprender cómo determinados relatos sobre ese vínculo histórico siguen movilizándose hoy en la esfera pública.
Por eso sí me parece una discusión relevante, sobre todo en términos políticos y diplomáticos. Declaraciones como las de Felipe VI muestran hasta qué punto el pasado colonial sigue teniendo una dimensión contemporánea en las relaciones entre España y América. Pero ahí entramos ya en el terreno de los usos públicos de la historia y de la memoria política, que es precisamente una de las líneas que nos interesa estudiar en el proyecto: cómo el pasado se reactiva en el presente para intervenir en debates públicos.
Entiendo que el seminario y el proyecto parte de esta premisa: "existe una necesidad urgente de volver la mirada hacia el siglo XIX". ¿Por qué es relevante?
Porque en el siglo XIX se encuentran muchas de las claves que explican cómo pensamos hoy como sociedades. Fue un periodo fundacional, marcado por las revoluciones, las independencias y el nacimiento de los Estados nacionales, tanto en España como en Iberoamérica. En esos años no solo cambiaron las estructuras políticas, sino que también se construyeron los grandes relatos sobre la nación, la ciudadanía, la libertad o la tradición, muchos de los cuales siguen influyendo en nuestra forma de entender el presente. Volver a ese siglo es importante porque allí se forjaron memorias en disputa. Liberales, conservadores, contrarrevolucionarios o sectores religiosos interpretaron los mismos acontecimientos de maneras muy distintas, generando versiones enfrentadas del pasado. Esos relatos ayudaron a crear símbolos, héroes, mártires y enemigos que todavía hoy forman parte de los debates públicos sobre identidad e historia. En ese sentido, estudiar el XIX nos permite comprender que muchas de las controversias actuales no son nuevas, sino que tienen raíces profundas.
Además, en un momento como el actual, en el que circulan lecturas simplificadas y muy politizadas de la historia, mirar al siglo XIX con rigor resulta especialmente necesario. Nos ayuda a entender cómo se construyen las memorias colectivas, qué intereses hay detrás de ciertos relatos y de qué manera el pasado sigue siendo utilizado para legitimar posiciones políticas en el presente. Más que una mirada nostálgica, se trata de una herramienta crítica para entender quiénes somos y por qué seguimos discutiendo sobre nuestra memoria histórica.
Y en el marco de esta premisa, ¿cómo enfocaste tu participación en el seminario?
El tema de mi investigación analiza el momento histórico del reconocimiento de las independencias de las repúblicas hispanoamericanas entre 1833 y 1836, durante la regencia de María Cristina de Borbón. Este proceso –que se prolongaría durante todo el siglo XIX y que se concretó inicialmente con un tratado de amistad con México– estuvo cargado de tensiones políticas, intereses económicos y una profunda carga emocional. Mi estudio muestra cómo en las Cortes españolas la aceptación de la independencia de América fue vivida con una mezcla de resignación, dolor y necesidad pragmática, especialmente por la urgencia de restablecer relaciones comerciales con los nuevos Estados soberanos.
Sin embargo, más allá del plano político, el trabajo pone el foco en el papel que desempeñaron la memoria y las emociones en el discurso del liberalismo español. Los diputados liberales construyeron un relato en el que la pérdida de América se presentaba como un “último adiós”, cargado de tristeza, pero también como una oportunidad para reforzar una nueva identidad española sin el imperio. En ese discurso, se rescataron los tópicos de la conquista, donde España aparecía representada como una “madre patria” generosa, que había llevado civilización, lengua y religión al continente americano, una visión que servía para reinterpretar el pasado imperial desde una perspectiva sentimental y política.
En este sentido, la investigación explica cómo el liberalismo español utilizó este episodio para elaborar una memoria histórica sobre la colonización y el imperio y una memoria colectiva sobre su propia lucha frente al absolutismo. El reconocimiento de las independencias ayudaba así a redefinir la imagen que España quería proyectar de sí misma en el siglo XIX. El trauma generado por la pérdida del imperio llevaría a la generación de una memoria reconstruida del pasado colonial y a la proyección de un futuro sin América.
Si parte del objetivo fue "analizar cómo se construyeron y disputaron las memorias del periodo revolucionario (1780-1874) tanto en España como en Iberoamérica", ¿qué concluyeron sobre eso?
Estamos justo en la fase inicial del proyecto, así que todavía sería prematuro hablar de conclusiones cerradas. Lo que sí podemos decir es que, desde el arranque, ya se perfila una idea muy clara: las memorias del periodo revolucionario no fueron homogéneas ni lineales, sino que estuvieron en permanente disputa. Es decir, no existió un único relato sobre las revoluciones, las independencias o la construcción de los nuevos Estados, sino múltiples interpretaciones, a menudo enfrentadas, elaboradas por actores políticos y sociales con intereses distintos.
Por último, y finalizada esta instancia del seminario mismo, ¿cómo proyecta la vida de este proyecto en el futuro?
Precisamente, uno de los objetivos de estos próximos cuatro años es profundizar en cómo se construyeron esas narrativas a ambos lados del Atlántico: quiénes las impulsaron, qué símbolos y referentes históricos utilizaron y de qué manera esas memorias fueron moldeando identidades colectivas que, en muchos casos, siguen teniendo eco en el presente. Nos interesa especialmente analizar tanto los relatos liberales como los contrarrevolucionarios, así como rescatar voces menos visibles que la historia oficial ha tendido a silenciar, como las de las mujeres.
Más que ofrecer respuestas definitivas, buscamos formular preguntas de investigación: cómo se selecciona qué recordar y qué olvidar, cómo se instrumentaliza el pasado en momentos de cambio político y de qué forma esos relatos han llegado hasta hoy.