Jorge Rojas lanza nuevo libro que recorre grandes mitos y falsas creencias históricas


Bajo el título “La historia que no fue. Errores, confusiones y falsedades del pasado”, el historiador va tras la pista de falsas denuncias, leyendas que han sobrevivido el tiempo, libros apócrifos, fotografías trucadas, identidades aparentes, tanto en Chile como en otras latitudes. ¿El objetivo? “Es posible y necesario identificar las falsedades, sea como error o como engaño. Eso implica que no todo es válido en un escenario de relatividad de la verdad”, asegura Rojas.

La historia que no fue Errores confusiones y falsedades del pasado

“Mi propia trayectoria como historiador me ha llevado a conocer situaciones que dejan al descubierto la enorme cantidad de acciones en que se manipula información, se deforma la realidad, se confunden hechos o se miente descaradamente”.

Esta es la premisa que el mismo historiador Jorge Rojas, académico del Instituto de Historia UC, señala como el “génesis” de su nuevo libro: “La historia que no fue. Errores, confusiones y falsedades del pasado” (Ediciones del Despoblado).

El título, que será lanzado el próximo 10 de julio, es un compendio de acontecimientos que se han dado por ciertos, sin que hayan ocurrido o que hayan pasado de un modo distinto al conocido, ya sea por error, desinformación o con interés en el engaño.

En el prólogo del libro se señala que este “ofrece un recorrido por diversos acontecimientos históricos que se han dado por ciertos”. ¿Cuáles son esos acontecimientos? ¿Hay alguno célebre ocurrido en Chile? ¿El “¿Plan Z”, por ejemplo?

El tema del Plan Z lo había incorporado en el primer borrador, pero se extendió mucho y finalmente lo independicé. Es un tema muy complejo, con muchas aristas y saldrá como libro aparte, más adelante.

Dejando ese tema fuera, me concentré en varias situaciones sorprendentes: falsas denuncias, leyendas que han sobrevivido el tiempo, libros apócrifos, fotografías trucadas, identidades aparentes con objetivos de infiltración (de agentes estatales y también de grupos civiles), noticias imprecisas o inexistentes, recuerdos difusos. También incluí investigaciones históricas que falsean, exageran, omiten o tergiversan documentos.

Un caso, internacional y emblemático, es la matanza de Katyn (Polonia), en 1939, descubierta por los nazis en 1943. La versión soviética terminó imponiéndose, por convicción o conveniencia, según fuera el caso. Resultó muy interesante seguir la reacción de la prensa chilena.

En el caso de Chile, también pudimos indagar en el muy citado texto atribuido a Eduardo Matte, “Los dueños de Chile somos nosotros…”, de 1892. No fue fácil, pero logramos descubrir la cita real, bastante distinta, que curiosamente nadie se propuso buscar.

En fin, las falsas memorias del general Carlos Prats fue una operación de inteligencia de alto nivel en la KGB, con respaldo del PC chileno, que, a la distancia, revela los alcances que puede tener el engaño.

Hay otros ejemplos conocidos, como la Operación Colombo, montada por la DINA para encubrir un centenar de desapariciones.

¿Cuál es el límite entre la desinformación y el error? ¿La intención y el “dolo”?

Tanto en el error como en la mentira se falta a la verdad. En el primer caso, no hay conciencia de la falsedad y la persona o el grupo de personas puede seguir suponiendo que está en lo correcto. Esto sucede cuando hay convicción de algo que no se cuestiona, producto de cierta “ceguera ideológica”. La mentira, en cambio, implica una voluntad de ocultar o engañar para hacer aparecer como verdadero algo que se cree o se sabe falso. En esta categoría incluimos las operaciones de inteligencia y las conspiraciones civiles, como el “Complot de Colliguay”, en el que un grupo fingió un secuestro para provocar la caída del gobierno de González Videla.

¿Por qué te parece que es relevante hoy este tema? ¿Cómo el libro puede ser un aporte contra la desinformación?

En el debate actual falta considerar las múltiples formas en que ha operado el engaño y el error. Pareciera que algunos siguen suponiendo que solo un sector político engaña, o que solo ciertos diarios mienten, cuando es un fenómeno bastante transversal. Además, no siempre hay una intención de ocultar lo que se considera verdadero. En ese sentido, es un libro incómodo, porque tras su lectura se hará difícil afirmar que siempre es otro el que engaña o tergiversa la verdad. Los ejemplos salpican todo el espectro político.

¿Cuál es el límite de la libertad de expresión en esto?

Mi propósito es anterior a eso. Primero es necesario tomar conciencia de que estamos rodeados de amenazas a la verdad, en una época, no debemos olvidarlo, en que la objetividad es puesta en duda. Nadie quiere ser engañado ni vivir en un mundo de ilusiones, pero aceptamos que hay muchas “verdades” y que nadie tiene el derecho a imponer una. Mi punto de partida, en todo caso, se sitúa a la inversa: es posible y necesario identificar las falsedades, sea como error o como engaño. Eso implica que no todo es válido en un escenario de relatividad de la verdad.

El año pasado estuvo Alessandro Porteli dictando un par de seminarios en la Facultad. Y durante todas estas oportunidades, relevó la importancia de las fuentes vinculadas a “la historia oral”. ¿Cómo se puede conjugar este tipo de historiografía con el trabajo de evitar “confusiones derivadas del recuerdo, personal o colectivo, siempre selectivo e impreciso”?

El propio Portelli ha puesto de relieve que el relato oral adquiere más potencial interpretativo cuando lo confrontamos con otro tipo de registros. Es lo que hizo en su texto sobre Luigi Trastulli. La leyenda sobre la muerte de Trastulli se hace entendible cuando logramos descubrir las inconsistencias entre la muerte real y la muerte imaginada.

En el caso chileno, hay muchos testimonios de militantes de izquierda que escucharon decir que las tropas comandadas por Carlos Prats venían del sur a defender al gobierno de Allende. Aquí la fantasía quedó pronto en evidencia, porque ningún regimiento se opuso al Golpe y Prats no lideró ningún movimiento en contra. La pregunta que uno debe hacerse siempre, frente a un relato oral o un texto escrito, es cuánto hay de fantasía, invención o tergiversación en una determinada afirmación.

No siempre podemos llegar a una plena confirmación, pero diversos indicios nos puedan dar luces sobre lo que puede ser falso. Si llegamos a confirmar las sospechas, ahí recién empieza el desafío, porque lo que sigue es intentar entender qué hizo posible esa fantasía.

En este sentido, el libro ayuda a ser más escéptico, a desprejuiciarse, a no confiar. No es una tarea fácil, porque implica aceptar que todos estamos propensos a engañar y ser engañados o a dejarnos llevar por nuestras convicciones, aunque estas arrastren una cuota de falsedad.